VICARIO EPISCOPAL DE LA ZONA NORTE Y DE ASUNTOS SOCIALES.

LA CUESTA DE ENERO

   Acabamos de estrenar una nueva agenda que está prácticamente en blanco. Las treinta y una primeras páginas tienen por encabezado “Enero”. El temido “Enero de la cuesta”, que para algunos es algo así como el “Tourmalet” de la vuelta ciclista a Francia (Tour), o los “Lagos de Covadonga” de la vuelta a España, los “altos” que definen a los ciclistas más en forma.
   Pero si queremos seguir en la carrera y no desengancharnos, habrá que hacer el esfuerzo de subir sus rampas. En este caso no se trata de llegar los primeros, ni tan siquiera de puntuar, pero si de llegar. Y además de llegar con los demás. El ciclista que se escapa solo, no siempre encuentra al final el triunfo. En la mayoría de las ocasiones es engullido por el pelotón.
   Los ciclistas no corren solos y por su cuenta, ni siquiera los escapados van solos, sino que son ayudados, desde atrás por los demás de su equipo. Nosotros también en pelotón o en escapada, contamos con el equipo de nuestra familia y nuestros amigos y nuestra comunidad de fe y esperanza, que comparten con nosotros, esfuerzos, circunstancias y tiempo.
   De todas formas, al pobre mes de Enero le hemos colgado ese “sambenito”, que lo hace antipático y, a veces, odioso. Y el motivo es, como siempre, el mismo: el dinero. Le llamamos cuesta a este mes porque es cuando nos despertamos de la embriaguez navideña para caer en la cuenta que hemos dilapidado hasta el último euro y alguno que otro más. Entonces es cuando sacamos a flor de piel ese superviviente nato que todos llevamos dentro y ahora medimos, valoramos, estudiamos y sopesamos cada euro. Y pensamos así defendernos del ataque consumista. Pero… ¡qué ingenuos! Ahí es donde la sociedad del consumo nos pone el siguiente cepo: “las rebajas”, para hacernos creer que ahorramos, porque compramos más barato, lo que de todas formas no necesitamos.
   Si en Navidad nos hubiéramos entrenado en austeridad y generosidad, subiríamos la cuesta con mayor soltura, como hacen los verdaderos profesionales del pedal. Pero no queremos acostumbrarnos y los que nos programan la carrera de la vida tratan de convencernos de que el recorrido es llano, fácil y cómodo cuando se tiene buena bicicleta, sin tener en cuenta los buenos músculos para pedalear. Y así nos va, que ya no es Enero, sino los doce meses los que se convierten en cuesta arriba, una lucha agotadora por tener las mejores bicicletas (lo mejor y todo cuanto pueda haber en el mercado), pero olvidando los esfuerzos personales.
   Si Enero es cuesta, al subir a la cima estamos en condiciones de escribir páginas gloriosas en nuestra vida, pero de las que dan la verdadera gloria.
   Porque Dios también ha programado la vida como una carrera, no competitiva, pero si necesaria para llegar a la meta. Un programa de vida que podemos leer en la agenda de Jesús de Nazaret, el que al final “ascendió a lo más alto”. Son esas páginas donde el tiempo no fue “oro”, sólo para ganar para consumir, sino “amor”, una concesión para vivir con y desde el amor; el tiempo no fue suyo, sino un regalo para compartir con la familia y los amigos y, sobre todo, para servir a los demás.
   Así es como al final no sólo se consigue subir las montañas sino, incluso, alcanzar el “maillot amarillo” o algunas de las coronas de las que nos habla el Nuevo Testamento:
   “la corona incorruptible”, para aquellos que corran la carrera de servir al Señor; “la corona de gozo”, para aquellos que puedan presentar delante del Señor las personas que se encontraron con el Salvador, a través de ellos; “la corona de justicia” para aquellos jamás están satisfechos con lo que este mundo ofrece; “la corona de gloria” para aquellos que han sabido cuidar con esmero y amor de los que Dios puso a su cuidado; “la corona de vida” para aquellos que resistir de manera digna las pruebas y tentaciones por causa de la fe.
   Cinco tipos diferentes de coronas, que serán entregadas a los creyentes que mientras estuvieron en este mundo se esforzaron hasta el agotamiento para ganarlas. Así que a pedalear en Enero y en todos los meses venideros en que Dios no siga regalando vida.

Almería, a 13 de Enero de 2008.
Manuel Menchón Domínguez.
Vicario Episcopal de la Zona Norte y de Asuntos Sociales.