LA DIÓCESIS DE ALMERÍA. CARTA PASTORAL.

JÓVENES INMIGRANTES Y PARROQUIA: OPORTUNIDAD Y GRACIA

   «La emigración nos interpela y, a su vez, constituye un momento de gracia». Esta expresión de los obispos españoles recogida en su reciente documento «La Iglesia en España y los emigrantes» toma fuerza al dirigir la mirada a los jóvenes inmigrantes. Es evidente que los rostros de los emigrantes son jóvenes y, no pocos, adolescentes y niños. Una mirada detenida, creyente, a los emigrantes está cerca de identificar inmigración con juventud, emigrantes con jóvenes.
   Un emigrante es una persona con la misma dignidad y con los mismos derechos fundamentales. Es un hijo de Dios, creado, querido y redimido por Él, presencia de Jesucristo con quien se identifica y quien demanda de nosotros el mismo trato que le debemos a Él. ¡El amor de Cristo nos urge! Por eso la presencia de los emigrantes entre nosotros, vista con los ojos de la fe, “con el corazón que ve”, es un signo de los tiempos, evidente oportunidad para vivir el Evangelio: oportunidad y gracia para vivir la catolicidad y fortalecer nuestras comunidades viviendo, incluso en su interior, el espíritu misionero por lo que implica hacer el primer anuncio de la salvación en muchas ocasiones.
   La inmigración constituye una gran oportunidad para la Iglesia y una gracia de Dios que le ayuda a acreditarse como experta en humanidad por sus instituciones y por la acción de sus miembros testigos de la cercanía del Dios en quien cree y del mensaje de aliento y esperanza que vive y practica.
   Lo que hace que la inmigración sea un problema son las causas que la originan: situaciones de injusticia, de violencia y de carencia de lo más mínimo para el digno desarrollo de las personas y de sus familias. Que casi el 10% de la población española en el año 2007 sea inmigrante es un dato para nuestra conciencia cristiana que ha de guiarnos a descubrir y acoger esta oportunidad de modo creativo, justo y eficaz. En momentos así, todos habremos de pedir, con humildad y mucha fe, la gracia de los siete dones del Espíritu Santo; nos lo indican nuestros obispos al concluir su documento sobre las migraciones. Creo que es el primer compromiso -¡testimonio veraz!- a lo que nos urge la caridad de Cristo.
   El Papa en su Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado para este año invita a la Iglesia a reflexionar sobre los jóvenes migrantes. Y al observar las situaciones de la infancia y de la adolescencia se plantea cómo pueden mirar con confianza hacia su propio futuro y cómo responder a las expectativas de los jóvenes migrantes.
   Benedicto XVI cargado de esperanza se dirige a los jóvenes migrantes y la fuerza de sus palabras alcanzan nuestra inteligencia y nuestro corazón:
   «Queridos jóvenes migrantes: preparaos a construir, con vuestros coetáneos, una sociedad más justa y fraterna, cumpliendo escrupulosamente y con seriedad vuestros deberes con vuestras familias y con el Estado. Respetad las leyes y no os dejéis nunca llevar por el odio y la violencia. Procurad, más bien, ser protagonistas, desde ahora, de un mundo donde reinen la comprensión y la solidaridad, la justicia y la paz… La Iglesia también os necesita y cuenta con vuestra aportación».

Almería, a 27 de Enero de 2008.
+ Antonio Mata Cañizares.
Sacerdote.