OBISPO DE ALMERÍA.

«MATERNIDAD SALUDABLE»

Queridos diocesanos:

   La fiesta de la Anunciación del Señor es la nueva jornada que la Iglesia quiere dedicar a la defensa de la vida, fruto de la maternidad con la que Dios ha querido asociar al ser humano a su obra creadora y enaltecer a la mujer. A lo largo de todo este año, la campaña de Manos Unidas reza así «Madres sanas, derecho y esperanza». Impresiona ver en los fotogramas y documentales de las ONGs las imágenes de siempre, cargas de drama y exponente de la cruel realidad del corazón humano marcado por el pecado. Son imágenes de una maternidad frustrada, porque si esas mujeres famélicas han dado a luz a hijos famélicos no podrán alimentarlos si ellas mismas no pueden alimentarse.

   Sabemos que estas imágenes pueden ser lesivas de la dignidad de la persona humana y de países enteros, pero no por el utilitarismo, sectario incluso, con que a veces se utilizan y divulgan las imágenes dejan de ser expresión de una cruda realidad. Al lado de esas imágenes cabe alinear otras: las de otra maternidad igualmente frustrada por una sociedad moralmente permisiva y violenta, asentada sobre el principio del placer como método y objetivo, en la cual mujeres y muchachas jóvenes se ven arrastradas a una maternidad no deseada o prematura, abocadas al aborto como régimen de control de una natalidad imprevista, madres que, por supuestos que la ley puede llegar a contemplar, eligen este mismo camino de muerte para el fruto de sus entrañas.

   Si unimos los fotogramas de una maternidad frustrada y sin compensaciones, propias de esta sociedad opulenta, a los fotogramas de una maternidad por el hambre y la enfermedad, el resultado es desesperanzador. ¿Qué hacer ante una y otra situación? La maternidad no es cosa sólo de la mujer, porque de ella depende el presente y futuro de la especie y el bienestar general de la humanidad, el desarrollo espiritual de todos y cada uno. La maternidad es competencia, derecho y deber del varón igual que de la mujer, es tarea y vocación de ambos, proyecto de realización personal y social de los esposos. Por esta razón, la doctrina social de la Iglesia es enteramente favorable a compaginar la maternidad con la promoción personal y social de la mujer y a acrecentar la colaboración del varón en las etapas de la maternidad. Esto exige leyes laborales justas, igualdad en la estimación del papel social y del trabajo de uno y otro sexo.

   La doctrina social de la Iglesia, en efecto, orienta y propone la acción de los católicos en los dos mundos, Norte y Sur, en que la maternidad se ve amenazada. En el Norte, se trata de combatir el egoísmo de una cultura hedonista, que está llevando al envejecimiento de poblaciones que se cierran a un futuro esperanzador, asfixiadas por una cultura de la muerte. En el Sur, se trata de combatir enérgicamente la enfermedad y la muerte promoviendo la justa distribución de la riqueza, para evitar que el hambre, aliada con los programas de control de natalidad contrarios a la dignidad de la persona, oprima la maternidad y amenace con diezmar poblaciones enteras; porque, “si bien es cierto que la desigual distribución de la población y de los recursos disponibles crean obstáculos al desarrollo y al uso sostenible del ambiente, debe reconocerse que el crecimiento demográfico es plenamente compatible con un desarrollo integral y solidario” (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n.484).

   En este sentido, la preservación de la salud maternal no puede ser pretexto para un control de la natalidad que soslaye y trate de paliar la falta de medidas de justicia en la distribución de la riqueza, encaminadas a la promoción integral de la mujer y al desarrollo de las poblaciones. La salud está al servicio de la maternidad, la promueve y la custodia para bien de cada ser humano y de la superior salud espiritual de toda la humanidad. De ahí que la maternidad llegue a constituir por sí misma una vocación y un modo de realizarse como persona dando a luz la vida y amparando su desarrollo y promoción. Su lugar propio es el matrimonio y la familia, institución con la que Dios ha provisto a la humanidad de la escuela para la vida y la pedagogía para el verdadero amor. La maternidad sana es, tal como Dios la ha querido, la garantía de un futuro de esperanza.

Con mi afecto y bendición.

Catedral de la Encarnación
Almería, a 25 de Marzo de 2008.
+ Adolfo González Montes.
Obispo de Almería.