REZAR
CON SENCILLEZ
- Tómate
cada día dos minutos de tiempo para estar solo y en paz. Relaja tu cuerpo, tu cabeza y tu
corazón.
- Habla
a Dios con secillez y naturalidad, y dile todo cuanto te preocupa. No es necesario que
utilices fórmulas extrañas. Háblale con tus propias palabras. Él las entiende
perfectamente.
- Entra
en diálogo con Dios cuando estés en el trabajo diario. Cierra los ojos, aunque sólo
sean dos segundos, donde quiera que estás: en el negocio, en el autobús, en la mesa de
trabajo.
- Haz
convicción de esta verdad: Dios está contigo y quiere ayudarte. No es que tú estés
acosando a Dios para que te de su bendición; todo lo contrario; es él quien quiere
bendecirte.
- Reza
con la seguridad de que tu oración es inmediatamente eficaz, más allá de tierras y
mares, y protege donde sea que se encuentren tus personas queridas, y hace que les llegue
a ellas el amor de Dios.
- Cuando
reces, tienes que tener ideas positivas, no negativas.
- Cuando
te pongas a rezar, reafirma siempre la actitud de estar dispuesto a aceptar, sea cual
fuere, la voluntad de Dios.
- Cuando
reces, déjalo todo en manos de Dios. Pídele que te de su fuerza para hacer todo cuanto
esté en tu mano, y el resto queda en buenas manos, en las suyas.
- Di
una buena palabra de intercesión por aquellos que no te quieren bien o te han tratado
mal. Eso te dará un vigor y una fortaleza extraordinaria.
- Todos
los días deberías hacer una oración por tu país y por la paz.
|