Que sepa ser buen viejo
Señor, que has dividido la vida del hombre en etapas
y que has hecho la vejez;
no permitas que yo me convierta en uno de esos viejos gruñones,
siempre dispuestos a denigrar, a protestar, a gruñir, a refunfuñar,
que se entristecen a sí mismos
y resultan insoportables a los demás.Consérvame la sonrisa y la risa
aunque muestre mi boca desdentada o mis dientes postizos.Consérvame el sentido del humor,
que sabe poner las cosas, las personas -y a mí mismo-
en su justo lugar,
que nos permite reírnos de nuestros propios males
y transformar nuestras penas
en objeto de simpáticas bromas.Haz de mí, Señor, un viejo sonriente,
que no pudiendo ya dar grandes cosas a mis hermanos,
les dé, al menos, un poco de alegría.Señor, que has plantado en mi pecho un corazón de carne
para amar y ser amado,
un corazón semejante al Corazón traspasado de tu Hijo,
no permitas que me convierta en un viejo egoísta,
acurrucado y encapsulado sobre mí pequeño yo,
encerrado en mis limitaciones como entre cuatro paredes,
azarado continuamente por el temor de lo que me falta,
de lo que me puede faltar y de las corrientes de aire.Consérvame un corazón abierto,
y unas manos dispuestas a apretar otras manos
y a abrirse para dar.