RAZONES PARA NO
CONFESARSE.
No es ningún descubrimiento especial constatar que ahora la gente se
confiesa menos que antes. Tal vez para los sacerdotes resulte más cómodo, en el sentido
de menor trabajo, pero desde el punto de vista de la vida cristiana hay que reconocer que
significa un enorme empobrecimiento.
Es indudable que desaparecerían bastantes problemas de nuestra sociedad si
la gente se confesara más y mejor o lo que es lo mismo si tuviéramos verdadero espíritu
de conversión, de sincero arrepentimiento de nuestros fallos con el consiguiente deseo de
ser mejores, y la conciencia más tranquila.
Nos atrevemos a dar algunas razones de esta falta de interés por el
sacramento de la Penitencia:
1) La perdida de la fe en Dios. No quiere esto decir que los
que no se confiesen no tengan fe, sino que en la medida en que se debilita la fe, se
prescinde de los sacramentos.
2) La pereza. Confesarse supone un esfuerzo, tanto para reconocer
los propios pecados y cambiar de vida como para acudir a confesarse.
4) La falta de costumbre. Alguien puede decir: ¿a dónde voy yo,
si ya hace muchos años que no lo hago, si no me acuerdo ya de cómo se confiesa uno...? o
piensan que eso es para las beatas. Olvidan que, ante todo, es cosa de hombres.
3) No querer reconocer que somos pecadores. Nos creemos perfectos.
Vemos con facilidad los fallos de los demás, pero nos cuesta reconocer los nuestros.
4) Pensar que no existe el pecado. Hay muchos que dicen que el
pecado ya no existe, que eso es cosa de gente antigua, que cada uno es libre de hacer lo
que le dé la gana. Sin embargo se roba, se miente, se blasfema, se es infiel, se mata, se
cometen injusticias... hay envidias, odios, se dejan de hacer muchas cosas buenas...
5) No querer cambiar de vida. Preferimos seguir con la rutina, con
la mediocridad...
6) Ignorancia y autosuficiencia. Se desconoce la importancia del
sacramento y la gravedad del pecado. No se sabe lo que se pierde, entre otras cosas la
gracia del Espíritu Santo, la alegría, la paz... No olvidemos que la confesión tiene un
valor medicinal, que cura, que alivia, que ayuda...
7) Echar la culpa a los demás, diciendo que los que más se
confiesan son los peores. Es una manera muy cómoda de evadirse. Algunos incluso echan
mano del refrán: "Más vale poco pecar que mucho confesar".
8) Decir que se confiesa uno con Dios. Ojalá fuera verdad
que la gente pide perdón a Dios. Pero con frecuencia tendemos a engañarnos a nosotros
mismos, haciendo realidad aquello de "Maestro de sí mismo, discípulo de un
tonto".
9) Por vergüenza. Como si el confesor se asustara de los pecados.
El sacerdote no se asusta de nada, pues sabe muy bien por experiencia lo que es la vida de
las personas y también por sí mismo, dado que también él es pecador. Dicen que
"el diablo quita la vergüenza para pecar y la da para confesarse".
10) Decir que a ver por qué hay que contar la vida a otra persona. La
confesión no consiste en contar la vida al cura, sino sencillamente en reconocerse
pecador y recibir un signo claro del perdón de Dios.
11) Es curioso que en la medida en que desciende la práctica de
la confesión sacramental aumentan otras confesiones en las clientelas de los psicólogos
y psiquiátras. Y hasta incluso la gente se confiesa ante las cámaras de televisión.
Cientos de personas cuentan ante millones de espectadores problemas de su vida privada...
y sin embargo se ponen mil disculpas para hablar con una persona de confianza que está
obligada a guardar el más riguroso de los secretos.
(Vuelve a leer estos puntos y mira a ver si son estas las disculpas que pones para
no confesarte) |