Asunción de María

   Los evangelios no dicen nada sobre la vida de María después del día de la Ascensión, ni cómo vivió, ni con quiénes se quedó, ni cómo murió. Una pequeña pista en Hechos de los Apóstoles, nos permite deducir algo: después de la Ascensión todos se volvieron a la ciudad, se trataba de los doce apóstoles, algunas mujeres y María, la Madre de Jesús.    Todos ellos se reunían siempre para orar con las palabras de Jesús, "con María su Madre y con las otras mujeres" (Hechos 1, 14). Ellos se dedicaban a la oración en común. María formaba parte de esa Iglesia primitiva, eran una comunidad orante, fraterna, misionera, una comunidad de testigos. Ella en su silencio la iría acompañando, hasta que el Hijo viniera a llevarla para glorificaría y coronarla en los cielos.

   El dogma
   Desde el principio, la Iglesia ha creído que el cuerpo de María resucitada por el poder del Espíritu Santo, fue elevado al Cielo. El dogma de la Asunción de María a los Cielos, en cuerpo y alma, se funda en una interrumpida tradición que llega basta el siglo XX. El 15 de agosto, ya en el siglo V, se bacía en Jerusalén la me­moria de la Madre de Dios. En el siglo VI, la solemnidad se difundió en todos los países del oriente como "dormitio sanctae Maríae", y con el mismo título fue admitida en Roma hacia la mitad del siglo VII, y finalmente, en el siglo VIII, fue celebrada como Asunción de la Virgen María.

   La definición dogmática de la Asunción de María al Cielo fue proclamada por el Papa Pío XII, el 1º de noviembre de 1950

¡Al cielo vais, Señora, Allá os reciben con alegre canto! ¡Oh, quién pudiese ahora Asirse a vuestro manto Para subir con Vos al monte santo!
Fray Luis de León

 y dice así: "La Virgen Inmaculada, preservada libre de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada a la gloria dcl cielo y elevada al trono por el Señor como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los Señores y vencedor del pecado y de la muerte". por tres días los cantos de los ángeles continuaban sin cesar, alrededor del santo sepulcro de la Virgen. Al fin la melodía cesó y Tomás, que había estado ausente, llegó al tercer día, y quiso ir a hacer homenaje a la tumba de María. Los apóstoles la abrieron, pero no encontraron su cuerpo, sino que hallaron la tumba llena de flores que emanaban una exquisita fragancia.

Plenitud de la pequeñez
   Se dice que la Asunción es la plenitud de la pequeñez de María, de su fidelidad, de su disponibilidad, de su "fiat". María entra en el gozo del Señor para siempre y se entiende que no hubiera sido posible si antes no hubiera dicho sí, en la generosidad de su corazón. Maria fue repitiendo este si a lo largo de toda su vida. Dijo que si cuando el ángel se le presentó en su casa, cuando el Niño nació en Belén, cuando tuvo que buir a Egipto, y cuando presentando al Niño en el templo, el anciano Simeón le anunció que una espada atravesaría su corazón. Dijo que si, ante la dolorosa respuesta del Niño en el templo. Dijo que sí, desde el silencio, mientras el Niño crecía en edad, sabiduría y gracia delante de Dios; dijo que sí en las bodas de Caná. Maria dijo que si en la cruz, permaneciendo serena y fuerte, y en Pentecos­tés, con los apóstoles formando la Iglesia. Finalmente María dijo que si cuando Aquel a quien Ella recibió en la tierra, sino para llevarla a los cielos. Toda la vida de Nuestra Señora podemos expresarla con dos frases: "Yo soy la servidora del Señor" y "Hágase en mí según tu palabra".

La Pascua de María 
   Todo el misterio de María culmina aquí, en su Pascua, por eso la fiesta de la Asunción, es la fiesta de las fiestas marianas. Su Pascua fue el abrazo completo con el Padre, que la eligió entre todos los humanos y desde toda la eternidad; el abrazo con el Hijo concebido virginalmente en sus entrañas; el abrazo con el Espíritu Santo, que la cubrió con su sombra
  
La Pascua dc María es el momento de la plenitud de su misterio. Es grande el misterio de la Inmaculada Concepción, porque allí empieza el camino histórico de Nuestra Señora, la llena de gracia. Es grande el misterio de la Encarnación y del "fiat" en la Anunciación. Es grande el misterio de la Maternidad Divina. Pero todos estos misterios están encaminados a su Pascua, dcl mismo modo que el misterio de Cristo está orientado al misterio Pacual, a la Resurrección y Vida de Jesucristo. María, "vestida dc sol con la luna bajo sus pies, coronada de doce estrellas" (Apoc. 12,1), es el signo de la Iglesia definitivamente consumada en el ciclo, pero al mismo tiempo manifiesta la plenitud de la obra maravillosa que Dios ha realizado en su pequeñez.

Destino de la Iglesia
  
Finalmente, la Asunción es un signo que refleja a qué está destinada la Iglesia: muestra la realización de las promesas de Dios. Es la imagen final de la Iglesia, una representación de lo que será el paraíso, la plena comunión con Dios, la posesión total del ser humano de parte de El. La persona humana entrará completamente en la esfera de la Redención y dc la Salvación, en una comunión con Dios que no terminará jamás. El hombre vivirá con Cristo Resucitado y María Asunta.

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