Esta santa mujer fue esposa de San Isidro Labrador. María Toribia, llamada de la
Cabeza, llevó una vida humilde y laboriosa. Los nombres de Caraquiz, cerca de Uceda, en
la Diócesis de Toledo, y el de Torrelaguna aparecen en su leyenda. Le gustaba ir a la
Ermita de Santa María para hacer el aseo y orar. La calumniaron ante su marido, quien la
vió cruzar sobre su capa el Jarama (crecido afluente del Tajo), lo que se consideró un
juicio de Dios que probaba su inocencia. Sobrevivió a San Isidro y fue enterrada en la
ermita que con tanto amor visitaba. Esta ermita fue atendida por los templarios hasta el
1311, después se hicieron cargo de ella los menores enclaustrados (después le sucedieron
los menores observantes) cuando la cabeza de María fue colocada sobre el altar mayor del
oratorio. Esta reliquia se tiene por eficaz contra los dolores de cabeza. En el 1511 el
Cardenal Francisco Jiménez de Cisneros renovó el relicario que guardaba la cabeza.
Procesiones y cofradías atestiguaron la veneración pública hacia la Santa. Inocencio
XII aprobó su culto en el 1697. Se trasladaron sus reliquias a Madrid para unirlas a las
de su esposo, San Isidro Labrador.