4 de mayo
SAN JOSÉ MARÍA RUBIO
El pasado 4 de Mayo el Santo Padre, Juan Pablo II,
canonizaba, es decir, proclamaba Santo, a San José María Rubio. Es el primer santo
canonizado de la Diócesis de Almería, motivo de alegría para todos los diocesanos. Os
invitamos a conocer un poco la vida de este hijo de la Iglesia de Almería que ha sido
elevado a los altares.
José María Rubio y Peralta nació en Dalías (Almería) el día 22
de Julio de 1864, el mayor de doce hermanos del matrimonio compuesto por don Francisco y
doña Mercedes, campesinos. De él dijo su abuelo materno don Eugenio: "Yo me
moriré, pero el que viva verá que este niño es un hombre importante y que valdrá mucho
para Dios. En su pueblo natal acudió a la escuela y después de las clases le gustaba
leer lasa vidas de santos. Con diez años un canónigo, José María, tío suyo, le hizo
estudiar en un Instituto de Bachillerato en la capital, pero viendo que tenía vocación
sacerdotal, lo envió al seminario diocesano de Almería. En 1879 se trasladó al
seminario de San Cecilio de Granada donde terminó los estudios filosóficos, los cuatro
años de teología y dos de derecho canónico, siendo alumno aventajado de otro canónigo,
D. Joaquín Torres, quien al pasar a Madrid. En 1887 lo inscribió en el seminario
diocesano de la Inmaculada y san Dámaso, de Madrid, y el 24 de septiembre de ese mismo
año fue ordenado sacerdote, entrando en el clero diocesano de Madrid. Celebró su primera
misa el 8 de Octubre en la entonces Catedral de San Isidro, en la capilla de la Virgen del
Buen Consejo.
El 1 de Noviembre fue nombrado coadjutor de la parroquia de Chinchón
(Madrid), donde en tan sólo nueve meses ya empezó a tener fama de santo, mientras
continuaba estudiando hasta obtener en 1888 la Licenciatura en Teología y en 1897 la
Licenciatura en Derecho Canónico.
El 24 de Septiembre de 1889 fue trasladado de administrador parroquial a
Extremera (Madrid) caracterizándose en su apostolado parroquial por compaginar su vida de
oración con la atención a los pobres y enfermos. Antes del amanecer ya estaba en la
Iglesia orando y dedicaba largas horas a la catequesis de los niños. Impresionaba a todos
por su austeridad y pobreza y por su caridad con los más pobres. Más tarde fue nombrado
profesor de Latín, Filosofía y Teología pastoral en el Seminario madrileño. Fue
nombrado notario del obispado y más tarde encargado del registro. Se le designó también
capellán de las religiosas Bernardas y como tal permaneció durante trece años; este
cargo le facilitaba entregarse a un inmenso apostolado que sería la característica
principal de su vida: atendía a muchas personas en el sacramento de la penitencia como
excelente confesor, daba catequesis a niños pobres en las "escuelas
dominicales", se dedicaba a los "traperos" y a los más pobres y a la vez
dirigía muchas tandas de ejercicios espirituales. Pasaba muchas horas en oración,
quienes le veían celebrar la Misa decían: "parece que habla con alguien". En
1904 peregrinó a Roma y Tierra Santa. Le impresionaron para siempre las dos visitas: de
Roma, el Papa Pío X, las catacumbas y las tumbas de Pedro y Pablo y de Jerusalén, el
Santo Sepulcro y el Calvario.
Siendo sacerdote diocesano sentía una gran admiración por la Compañía de
Jesús. Se llamaba a sí mismo "jesuita de afición". Toda su vida se centra en
"cumplir la voluntad de Dios". El 11 de Octubre de 1906 entró en el noviciado
de Granada. Hizo sus primeros votos el 12 de Octubre de 1908 y trabajó en Granada y
Sevilla: confesionario, predicación, misiones populares, adoración nocturna, etc. Era
exigente pero siempre con dulzura. "Se cazan más moscas con una gota de miel que
con un barril de vinagre", decía con gracia. En septiembre de ese año se
trasladó a Manresa (Barcelona) desde donde fue enviado a Madrid. En esa ciudad emitió
sus votos perpetuos el 2 de Febrero de 1917. Desde entonces Madrid fue el campo de su
intenso apostolado.
El Padre Rubio (San José María Rubio) destellaba tal bondad que atraía
sobrenaturalmente. Aunque no hablaba retóricamente como otros oradores, sin embargo sus
sermones atraían a la gente y convenía porque vivía lo que predicaba. Repetía como
lema: "Hacer lo que Dios quiere y querer lo que Dios hace". Organizó
y atendió personalmente a distintas misiones populares en pueblos pequeños de Madrid y
su fama de santidad era extraordinaria. Había que permanecer tres horas en la fila para
confesarse con él. Atendía a todos por igual y por orden, lo mismo a marquesas que a
pobres. Gozaba de dones místicos e incluso de gracias especiales sobrenaturales, como el
don de profecía y de videncia. Escuchaba íntimamente llamadas de socorro a distancia y
hasta el aviso de una madre fallecidas para ir a atender a su hijo incrédulo. Un día de
carnaval, un grupo de comparsa le había preparado una trampa, llamándolo a una casa de
citas para ir a administrar los últimos sacramentos a un enfermo. Uno de ellos en la cama
se hacía pasar por moribundo para que se rieran los demás y dar ocasión de fotografiar
al Padre Rubio en esta ocasión "ridícula". Al entrar a atender el enfermo
descubrió que estaba realmente muerto. Fue tal la impresión que dos de aquel grupo se
hicieron religiosos poco después.
Ejerció su ministerio pastoral con una dimensión social en los suburbios
más pobres de Madrid, singularmente en el de La Ventilla. Fundó escuelas, predicó la
Palabra de Dios y fue formador de muchos cristianos que morirían mártires durante la
persecución religiosa en España.
Su testamento, en una charla a las "Marías de los Sagrarios", fue
el exhortar a vivir la perfección en medio del mundo, promoviendo así una forma de
consagración que más tarde se concretaría en los institutos seculares. Presintió su
propia muerte y hasta llegó a despedirse de sus amigos.
A finales de abril de 1929, viéndolo debilitado por su intenso trabajo y por
su dolorosa enfermedad, los superiores le enviaron al noviciado de Aranjuez para que
descansara. Allí, después de haber roto por humildad sus apuntes espirituales, decía:
"Señor, si quieres llevarme ahora, estoy preparado. A los tres días de su llegada a
Aranjuez, el 2 de Mayo de 1929, murió. En todo Madrid no se hablaba de otra cosa:
"¡Ha muerto un santo!". Miles de personas asistieron a su funeral y entierro.
Fue beatificado en Roma por el Papa Juan Pablo II el 6 de Octubre de 1985 y canonizado en
Madrid en 4 de Mayo de 2003. Su memoria se celebra el 4 de mayo.
TEXTOS DE SAN JOSÉ MARÍA RUBIO